Cuestionario Grieta 12: Nader Cabezas

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Poco importan las categorías cuando se habla de músicos como Nader Cabezas, un tipo que tiene más de literatura en su música, que muchos literatos en sus libros. Letras que se disuelven en un sonido que viaja entre el new wave, post punk e indie rock y que contienen la experiencia de un lector que ha sabido condensar ritmo, imagen y musicalidad.

 

Licenciado en letras y con varios discos ya en su poder (Día Blanco, Caminos, barrios y gente, El Hijo del Monstruo, Esfinges y Rocket Cinema), Nader es un de los músicos que suena regularmente en nuestra agencia. Por eso hoy decidimos hacerlo parte de nuestro Cuestionario Grieta.

 

¿Qué es lo primero que haces en el día?

 

Soy bien pegado con los sueños, entonces puede que lo primero que haga sea anotar o grabar un par de cosas que soñé. Una vez despierto en el mundo real, voy a dejar a mi hija mayor al paradero, pedaleo a la pega, preparo café y pongo un buen disco antes de ponerme a trabajar.

 

 

¿Cuándo piensas en creatividad en qué piensas y por qué?

 

Tengo la necesidad de transformar los lugares por los que transito y lo que veo ahí. Es algo que no puedo controlar y no siempre es un proceso agradable, sobre todo cuando tengo una idea de canción a las 3 de la mañana y debo levantarme a las 6 para ir a trabajar. Así y todo, hay una gran cuota de emoción implicada en el proceso, lo cual, como sabemos, dura poco. En mi caso, la creatividad funciona al tomar cosas conocidas y al remezclarlas, inventando nuevas piezas para el rompecabezas, pero siempre dejando al otro la responsabilidad de completarlo.

 

¿Cuáles son los tres libros que te han marcado y cambiado tu manera de pensar, ver y enfrentar el mundo?

 

 

Gog de Giovanni Papini. Llegué a él a través de Borges, que dirigía una colección de editorial Siruela. Dejé de ir a clases un buen tiempo por quedarme leyendo a Papini y me parece que, al volver, mi cabeza quedó en otro lado para siempre. Académicamente hablando, mi paso por la universidad fue un desastre.

 

 

El libro de la selva de Rudyard Kipling. Fue el primer libro que leí por gusto, en octavo básico. Corría el año 89 y comencé a enajenarme un poco de mis amigos y a pasar cada vez más tiempo solo. Me iba a la biblioteca a leer, en los recreos. Me identificaba con esa soledad radical de Mowgli.

 

Poética del cine de Raúl Ruiz. Conocí su obra a través de un gran profesor, Luis Cecereu, con el cual descubrí mucho cine. La poética de Ruiz me ayudó mucho mientras trabajaba en un preuniversitario de vuelta en la provincia. Fue mi manual de sobrevivencia en una época en la que no tenía muy claro para dónde iba.

 

¿Qué tan importante es la música y de qué manera afecta tu trabajo?

 

Estoy escuchando música todo el tiempo. Crecí rodeado de música y durante la adolescencia se transformó en un apoyo muy importante. Esto de crear un lazo sagrado con la música en esa etapa de la vida es algo que le pasa a mucha gente, entonces hablar con ellos hoy es como hablar por radio de banda ciudadana, que es una forma anacrónica y profunda de comunicarse.

 

¿Cuál es o son las películas fundamentales en tu vida y por qué?

 

Es difícil establecer una distancia para escoger películas, pero son pelis que vi en la tele, cuando chico, que es la etapa en que las cosas te pillan con el corazón abierto.

 

Juana de Arco, con Ingrid Bergman. La vi a los 10 años. En mis recuerdos, la mezclo con lluvia y el aroma de las castañas sobre la salamandra. Ese día llegaron las hijas de un tío alemán y para mí era como jugar con las hermanas chicas de Juana de Arco. Ahí comencé a cachar que tenía problemas para enfrentar la realidad.

 

También me pegó mucho Laberinto de David Bowie en la básica y llegué preguntando a mis compañeros, pero nadie la había visto. Les di la lata por un buen tiempo. Supongo que así se incuban las obsesiones.

 

Yongary, monster from the deep, del 67. Se trata de una peli coreana imitación de Godzilla, con maquetas de ciudades y tanques de juguete. Quedé fascinado y muchos años después usé esa idea para la portada de uno de mis discos, El hijo del monstruo (2012).

 

 

¿Si pudieses hablar con un personaje, de cualquier ámbito -literario, arquitectónico, artístico, científico o el que quieras-, quién sería y qué le preguntarías?

 

Hablaría con Raúl Ruiz, de todas maneras. Casi lo conocí el 2011, cuando estaba metido haciendo mi tesis sobre Palomita Blanca. Él falleció en agosto y yo defendí en octubre de ese año. En fin, le preguntaría si tiene alguna receta especial para el borgoña y luego, con una buena jarra, me pondría a escuchar cualquier cosa que me quiera contar.

 

¿Cómo es tu ritual de trabajo? ¿Cuáles son las cosas fundamentales que no deben faltar?

 

Mi trabajo creativo siempre se ha dado en medio de la guerrilla por sobrevivir económicamente, así que no tengo mucho espacio para rituales muy elaborados. Tal vez ordenar el lugar donde voy a trabajar. Comprar libreta y lápiz.

 

¿Estás realmente haciendo lo que quieres hacer? Si fuera así, ¿qué es eso que estás disfrutando? Si es no, ¿qué es lo que te ha detenido?

 

Auch. No realmente. Tengo un trabajo que me permite pagar cuentas mes a mes, pero en el que pongo el 10% de mi alma. Es poderosa la máquina cotidiana, que se alimenta con el miedo a no poder mantener una casa y todo eso, pero a veces le arrebato algunos espacios para seguir en la música. Mis planes para abandonar el trabajo no han resultado hasta ahora, pero no me doy por vencido.

 

¿Cuál ha sido el trabajo, proyecto, obra o idea que te hubiese gustado pensar o hacer y por qué?

 

No hay otra cosa que me gustaría hacer. Admiro muchos trabajos y proyectos, pero solo me siento cómodo y honesto con lo que hago. Un tiempo intenté dedicarme exclusivamente a la fotografía, monté una exposición y al terminar todo, me di cuenta de que mi medio preferido siempre fue la música.

 

¿Qué defecto crees tener que te ha permitido, a partir de darle una solución, crear algo realmente útil y de qué se trataría esto último?

 

Dejar las cosas a medias es algo que me ha dado buenos frutos en el mediano plazo. Como soy irresponsable, hago canciones a medias y eso significa que le endoso la tarea al oyente, que debe completar el rompecabezas con sus propios significados. O sea que mi pereza los hace escuchar en forma activa, lo que debe ser gratificante porque sienten que no se les subestima, o sea, no hay nadie queriendo enseñar ninguna lección o con una visión súper clara de la vida.

 

¿Cuál es tu forma de vencer el cansancio o la desmotivación?

 

Ver cine, ver entrevistas antiguas, leer biografías de músicos o escritores que tengan una relación cercana con el fracaso. Como la biografía de Leonard Cohen escrita por Sylvie Simmons, por ejemplo. Tiendo a aislarme en ese contexto de desmotivación, pero a veces pasa que me encuentro con gente que tiene muchas ideas y se me pega el entusiasmo. Me pasaba con Hernán Angulo (Celadores), que dejó este mundo hace poco. Desde su partida, no me he dejado abatir por ningún motivo.

 

¿Cuál ha sido tu mayor apuesta, la peor y qué sacaste de ambos casos?

 

Mi mayor apuesta ha sido seguir haciendo música cuando todas las puertas se cierran. Gracias a esa porfía, me he transformado en una cucaracha que puede sobrevivir a niveles infrahumanos. Una mala experiencia (no sé si da para apuesta) fue producir un festival de música en el teatro Victoria de Curicó (un lugar hermoso, medio en ruinas). La batería era prestada y llegó una banda de Santiago cuyo baterista, ansioso de demostrar sus dotes atléticas, prácticamente la destrozó. Al ver esto, el dueño se llevó la batería y tuve que dar explicaciones al resto de las bandas. Casi me linchan. Ahí aprendí a dimensionar el radio de contaminación proveniente del ego de un solo músico y comencé a trabajar en dirección opuesta.

 

¿Existe alguna frase que creas que define o le da sentido a tu trabajo?

 

Tus límites configuran tu estética.

 

Si tienes la oportunidad de usar una gigantografía, ¿dónde estaría y qué pondrías en ella?

 

Pondría una gigantografía con un código QR. Al escanear el código, la gigantografía se transforma en una pantalla conectada a la cámara de tu teléfono, por un minuto. Entonces podrías transmitir cualquier mensaje. Sería una buena forma de equilibrar un poco el terrorismo mediático en el que estamos inmersos.

 

¿Qué consejos te darías a los 20, 25, y 30 años? Y cuéntanos en qué periodo de tu vida estabas.

 

A los 20 estaba en Santiago, estudiando literatura. Salvo escribir poesía y leer mucho, no hacía muchas otras cosas dignas de contar. Perdí mucho el tiempo, así que mi consejo sería: no te encierres, haz nuevos amigos, arma colectivos, recorre toda la ciudad.

 

25: Mi mamá había muerto de cáncer, me habían echado de mi primer trabajo y mi primera hija estaba a punto de nacer. Volví a vivir en Curicó, mi ciudad natal aka la capital de las fotocopias. Mi consejo: sé un mejor padre. No te dejes estar. Cree la mitad de lo que te dicen.

 

30: Te dije que no te dejaras estar. Ahora deja de quejarte y haz un recuento de mis consejos desde los 20.

 

¿Cómo el fracaso te ha contribuido a enfrentar tu vida y tienes algún ejemplo que quieras contar?

 

La mayoría de mis aventuras musicales han terminado en fracasos, pero disfruto mucho relatando esas experiencias cuando quiero romper el hielo con alguien. En esas rutinas cómicas me doy cuenta de que en realidad no es para tanto y que en el proceso conocí mucha gente y aprendí un montón. Cuando aceptas eso, baja la ansiedad, te sueltas y simplemente te lanzas. Es muy liberador.

 

Con Celadores fracasamos con la distribución de Rocket Cinema (2015), pero no me arrepiento de haberlos conocido y haber trabajado con ellos. Significaron un gran apoyo en una etapa medio crítica así que siempre los llevaré en el corazón.

 

¿Hay algo sobre lo que hayas cambiado de opinión recientemente? ¿Por qué?

 

Pensaba que los bananos eran un accesorio inútil (¿y antiestético?) pero desde hace un par de meses no me separo de un banano verde con puntos blancos que pertenece a mi esposa (ella es más de cartera). Todo esto, enmarcado en una actitud de me importa un carajo que estoy cultivando hace año y medio aprox.

 

¿Qué cosa crees es cierta, a pesar de que no se puede probar?

 

Cuando sueñas dentro de un sueño, es más fácil ser consciente de que estás soñando.

 

Si quieres conocer más de Nader Cabezas entra a:

 

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