Grieta: Historias de inspiración 01: “Voy a pegar un drive”

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Hay historias y personas que protagonizan relatos que nos inspiran y que no, necesariamente, se encuentran dentro del campo de las comunicaciones. O quizás sí. Esta historia, por ejemplo, es una fuente de inspiración para nosotros.

 

Rafael Nadal había ganado su pase a la final del Master 1000 de Montecarlo. Para hacerlo, arrolló en dos sets a Grigor Dimitrov (número 5 ATP en ese momento), por 6-4 y 6-1.

 

 

Al terminar el partido, el ritual habitual del español era saludar a su oponente, al árbitro, dejar su raqueta en el asiento, celebrar y agradecer al público el triunfo. Nada de ese itinerario se corrompió, a excepción de una cosa: su celular.

 

 

A diferencia de otros momentos, Nadal lo tomó inmediatamente. Llegó a su asiento y comenzó a escribir en él. Durante algunos segundos, las cámaras y los comentaristas registraban sin entender qué ocurría. Hasta que luego pincharon a su entrenador y ex número uno del mundo, Carlos Moya, quien se tomaba la boca atónito y sorprendido por lo que leía. Fue ahí que escuchamos la siguiente frase: “Voy a pegar un drive directo”.

 

 

 

Eso era. Nadal no había quedado conforme con su golpe y, al contrario de lo que uno podría pensar que haría alguien que ha triunfado con esa contundencia (es decir celebrar el triunfo o, simplemente, descansar), el español decidió otra cosa: entrenar.

 

 

Eso, supongo, son las pequeñas diferencias. Cierto control sobre las cosas. Cierta autocrítica.

 

 

Hace poco tiempo, antes de coronarse campeón de Roland Garros, Nadal jugó contra el argentino Diego Schwartzman. El inicio del partido hacía presagiar lo peor para el español. El marcador iba 4-6 / 5-3 y 30 – 15 en su contra. Hasta que pasó lo que nadie esperó: El partido se suspendía por lluvia, justo cuando su oponente parecía dominar.

 

 

Casi 24 horas más tarde se reanudó el juego y el desenlace fue claro y contundente: Nadal venció sin apelación a un argentino que no daba crédito al cambio de su oponente.

 

 

Tras el termino, hay dos declaraciones que me llamaron mucho la atención. La primera de Schwartzman: “Nadal tiene la mejor cabeza de la historia”.

 

La segunda es del propio Nada y, de alguna forma, rectifica la aseveración del argentino: “Es justo decir que el parón por lluvia me ayudó ayer, pero no es justo decir que las condiciones de hoy me han ayudado. Las condiciones hoy fueron las mismas para ambos. No siempre puedes encontrar excusas externas. Tienes que encontrar causas dentro de ti. Los cambios no fueron el sol o la lluvia, fue algo de dentro de mí. Por supuesto, la lluvia ayudó a detener el partido y me ayudó a pensar sobre él, y eso es una realidad. Pero en términos de juego, lo que cambió fue cómo jugué y cómo manejé el partido. Hoy jugué más agresivo y en mi opinión el partido cambió. Por supuesto que es un oponente difícil y siempre será un partido difícil, pero al mismo tiempo, creo que después del parón por lluvia, el partido cambió mucho porque jugué de manera más agresiva con alta intensidad y las cosas estuvieron más de mi lado”.

 

 

Ahora, si pudiéramos cambiar el nombre de Nadal, por el de tu emprendimiento; la pista de tenis, por tu lugar de trabajo; y sus oponentes, por tus miedos, escoyos y dificultades. ¿No crees que existe algo de toda esta historia que podríamos aplicar a nuestros proyectos o incluso a nuestras vidas?