Grieta: Historias de inspiración 05: “Verdadera y violentamente independiente”

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Teníamos un poco de lado los posts. A veces las ideas simplemente no llegan, pero hay que insistir (aplicación, disciplina, enfoque, repetición, decía Rollins), volver la imaginación una costumbre, porque las ideas son pedazos de historia, rocas que están en el camino y que llevan millones de años rodando por ahí, como fósiles dispuestos al análisis.

 

Esa imagen, por ejemplo, es una idea. Esa imagen y cualquier otra realmente. El pensamiento actúa como un sistema de algoritmos visuales y ataca octogonalmente el lenguaje que utilizamos (según decía Raúl Ruiz, citando de memoria al matemático polaco, Stanislaw Ulam, que a su vez hablaba a partir de la psicología de Vigotsky (una especie de remix del remix). Lo más gracioso de esto, es que el origen era la concepción de cine que tenía Artaud, quien hablaba de un pensamiento verbal en contraposición a uno en imágenes). Pero, bueno, vamos a lo importante: Las ideas.

 

Pensemos en el pastiche, en esa concepción de ir y robar, como decía Jarmush o Godard, hasta que de pronto todo parece original y nuevo. Pero no. Las cosas vienen de un lugar, de una piedra o fósil que alguien decidió analizar y extraer lo que pensó era relevante. Las deudas, el tufillo u olor a algo que sabemos existe. Sin embargo, a veces es simplemente imposible de rastrear.

 

Mencionamos esto para hablar, no solo de la procedencia de las ideas, sino también de la independencia, del pensamiento e inmediatamente tener en mente a un artista, que ha influido, desde mediados de los 70’, a través de una filosofía D.I.Y., que lo ha tenido encerrado en casa durante años, sin que nadie se pregunte por él o lo extrañe demasiado.

 

Hijo de un sesionista que trabajó con Elvis Presley, Roy Orbison y Bob Dylan, R. Stevie Moore (aquí imagen y palabra (si les gusta Ariel Pink o Guided By Voice, quizás deberían escucharlo)) es un genio que ha sabido ir del pop a la experimentación sin cuestionar nada, ni moverse ni un milímetro del modo en que hace las cosas. Sin ir más lejos, hace un par de años atrás, en una entrevista le preguntaron cómo le gustaría ser recordado y su respuesta fue categórica: verdadera y violentamente independiente.

 

Una imagen para sintetizar un montón de cosas, por ejemplo, sus 400 discos, que prácticamente nadie ha escuchado, un montón de videos que dan luces de las referencias visuales y musicales de sellos como Captured-Tracks, su bar y su historia: un hombre que, tiene una consigna: mi religión, la diversidad.

 

Las preguntas, entonces, son ineludibles: ¿De dónde emerge el imaginario? ¿De dónde la experiencia? ¿Cómo una habitación alberga 400 discos? Fue como una enfermedad que tuve que registrar y escribir, respondió en alguna entrevista perdida por internet.

 

Este post, entonces, que sea una forma de redimirse. No hay mucho que decir. Pero eso es una muletilla. Una falsa disculpa para eludir la insistencia.

 

La independencia de la que habla Moore -suponemos- tiene que ver con ese tipo radicalidad: decidir es un acto transgresor, elegir significa eliminar otras posibilidades: Moore eligió el anonimato y la producción y, hoy, nosotros elegimos este post, como podríamos haber escogido no hacer nada. Acá una decisión. Acá un leve gesto o una simple excusa para homenajear a los incansables. R. Stevie Moore, el primero de ellos.