Grieta: Historias de inspiración 06: Hacer con el corazón

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Recuerdo que una de las primeras veces que vi a Nick Cave fue en la casa de un amigo. Estábamos solos, turnándonos el control de la música. Mi amigo de pronto puso una versión en vivo de “Brother, my cup is empty”, del Bizarre festival, del 96. Camisa roja, mano izquierda vendada y, a pesar de esto, moviéndola, como si el aire fuera una especie de roca invisible, a la cual da sablazos para sacar filo. Sin respiro, deambula, de un extremo a otro del escenario, con los ojos brillantes, igual que un felino que espera el momento de dar el golpe de gracia a su presa.

 

Poco tiempo después, recuerdo que vi una entrevista a Thurston Moore, de finales de los 80, que se puede pillar divida en tres partes en internet. En una de ellas, Moore avanza por su casa y en una repisa tiene una foto, en blanco y negro, de Nick vestido con lentes de sol y una sudadera blanca, mientras mira un punto indeterminado del muro de su pequeña habitación, en la que hay imágenes indescriptibles en las paredes, libros alrededor y lápices sobre ellos. Quizás, un retrato perteneciente a la misma sesión que hizo Bleddyn Butcher, en el año 85, en el pequeño piso en el que Cave vivió durante su estancia en Berlín.

 

Luego de todo esto, ocurre lo que simplemente debe ocurrir: comenzar a buscar discos, entender que sus proyectos pueden ir desde influencias new wave o punk,  como lo que hizo con The birthay party o The boys nex door; pasando por el avantgarde, con Grinderman; para llegar a las baladas y al sonido que ahora último nos hemos acostumbrado de él: esa melodía que parece sacada directamente desde la muerte y que lleva hace un tiempo elaborando y evolucionado junto a los Bad Seeds.

 

Cuando he leído apodos como “El predicador” creo que simplemente es la primera vez que no me parecen un lugar común: ahí están sus libros, su poemas y textos esparcidos cuando la música no parece ser suficiente. O ahí el rítmico timbre de su antigua máquina de escribir, la misma que vimos en “20.000 days on earth” o en “One more time with feelings”, donde somos testigos del proceso creativo de un hombre que ha sobrevivido a la catástrofe.

 

Hoy escribimos de un hombre que opera con y desde el alma, que crea con esa luz de los que solo saben hacer, porque no hay otro modo de conciliar la vida. Hoy escribimos del predicador, el único con el poder de extraer el secreto de quizás qué dioses, santos o diablos que se convocan en cada una de sus piezas.