Grieta: Historias de inspiración 07: El trabajo como sistema para superar todo

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“No cambiaré nada en el futuro previsible, escribir, grabar, hacer una gira y nada más. Tal vez pueda comenzar a pintar nuevamente y como en las famosas palabras de Brian Chippendale: si me vuelvo sordo, solo leo más”.

 

44 años. 35 discos, entre tres bandas: The Oh Sees (¿Oh Sees, OCS, Thee Oh Sees, Orange Country Sound, Orinoka Crash Suite?) (25 discos), Coachwhips (7 álbumes), Pink and Brown (3 LPs). Libros de fotografías (las que publicó bajo el nombre Vinegar Mirror), afiches (pueden ver la recopilación de su trabajo en Exploded Globes), un sello (chequeen Castle Face Records), shows (cientos al año, sin ir más lejos,  llegan este 2018 de la mano del Festival En Órbita) y ensayos cada dos semanas. Es simple: mientras alguien en el mundo bosteza, John Dwyer produce.

 

“En realidad, no tengo otro trabajo más que éste y todo lo que pienso cuando llega el momento de hacer algo es, generalmente, en hacer música. Escribo todos los días. Lo amo”.

 

Todo tiene un comienzo y la partida de esta historia se remonta en Long Island, una tarde en que su antigua novia le regaló una grabadora de cuatro canales. El resultado: 37 canciones y un poco menos de dos horas de duración, dieron como resultado el primer disco de la banda. Aunque decir banda puede ser un exceso. Digamos una treintena de canciones que tituló como “1” y que publicó bajo el nombre de OCS, sinécdoque de su ansia y de su metodología de hacer todo, sin mirar demasiado en qué resultará de eso. Existe un afán por producir, algo que incomoda y que pulsa para dar forma a un cuerpo, no importa cómo sea, lo importante es hacer, dar vuelta el rostro, quizás como Orfeo, y entregar a la música o al arte, lo que la música o el arte exigen, sin importar lo que en ello se pierda.

 

“Compré 500 camisetas blancas y ayer todo el día fumé marihuana, me puse de pie en mi sala de estar con una gran disposición, mirando a Seinfeld todo el día, simplemente retorciendo las camisas para hacer 500 tintes, lo que voy a hacer hoy. Es un estado zen, algo que tengo que hacer solo. Tengo 10 días para hacer 500 camisetas y el primer paso está hecho y luego tengo que hacer 200 carteles que todavía necesito dibujar. Pero creo que puedo hacerlo. Me gusta trabajar”.

 

Su obsesión ha llegado tan lejos que ha hecho de este exceso su propia terapia. Repetir el ejercicio como un mantra. Hacer del cuerpo y el pensamiento un cúmulo de barro para esculpir lo que la imaginación dicte que haga.

 

“Dungeons and Dragons (juego de rol) fue una gran parte de mi infancia, incluso antes de fumar hierba. Fue el primer gusto que tuve de cosas basadas en la imaginación. Todavía disfruto inmensamente escribiendo y tocando en vivo, porque es como la patada dopaminérgica mágica de crear desde la nada “.

 

Un trabajador incansable o un hombre que solo busca la paz en el ruido.

 

“Parece que todo el mundo está en un ambiente tumultuoso, no solo con la política sino psíquicamente. Creo que la única forma en que puedes tratar con eso es hacer un buen trabajo y ser una buena persona. Es por eso que utilizo el trabajo como mi sistema para superar todo”.

 

Fuentes: Indie Rocks, Rolling Stone y Echoes And Dust.