Grieta: Historias de inspiración 09: el secreto de la felicidad

rarezas / entrevistas

Qué hacemos y para qué. Las comunicaciones no son muy distintas a cualquier otra disciplina. Quizás, lo único que la diferencia de otras áreas tiene que ver con que se visibilizan y pronuncian rasgos y estructuras que deben orientar hacia objetivos claros y concretos. Muchos llaman a esto practicidad. Sin embargo, prefiero llamar a esto fidelidad y esto tiene que ver con algo mucho más complejo que la sola búsqueda de soluciones.

 

Pensemos en el simple ejercicio que hace un niño para poder ser parte de un grupo. La adopción de modos, lenguajes, costumbres, estéticas y formas de relación son solo algunas de las características que tiene que adoptar para hacer ingreso o, al menos, “audicionar” al grupo social del que intenta ser parte. Pero ¿qué pasa cuando este anhelo de ingreso no es más que una presión social?

 

Al igual que en cualquier disciplina o, más aún, al igual que en la cotidianidad, no importa qué tan bien sepamos utilizar las herramientas, si el objetivo no nos pertenece, todo tenderá al fracaso más absoluto. No importa cuánto sepamos de sus formas, modos de comunicación, comportamiento, lugares de procedencia, edades o gustos, si no es nuestro grupo, comunidad, espacio, nicho o como se quiera llamar, simplemente, no podremos entrar.

 

En esa imposibilidad y yerro se encuentra también algo que no parece tan evidente, como es la mala identificación de nuestras metas. Identificar mal nuestros objetivos puede acarrear problemas persistentes, que pueden generar deformaciones de nuestras particularidades: impostación de la voz, simulación de ser sujetos que no somos, transitar en ambientes o espacios que no nos pertenecen, generación de relaciones torpes, infructuosas o, peor aún, inexistentes, pues ni siquiera habría una comunidad en la cual depositar hasta el más simple mensaje.

 

Visualicen lo difícil que puede ser esto en nuestro día a día. ¿Ya lo tienen? Pues bien, ahora, imagínenlo en su marca: incoherencia en el uso del lenguaje, nula credibilidad, mensajes plásticos, lugares comunes, falta de particularidad, ausencia de interacción y, por consecuencia, carencia de comunidad. Es decir: Tu marca muere.

 

En Instrumental, uno de los libros del concertista de piano inglés, James Rhode, entrega un aparente sencillo consejo para llevar a cabo en la vida: “Quiero que conozcan el secreto de la felicidad, algo tan sencillo que da la impresión de que por eso mucha gente no lo pilla. El truco consiste en dedicarte a hacer lo que quieras, lo que te haga feliz, siempre que no perjudiques a los que te rodean. No es hacer lo que crees que deberías. Ni lo que te parece que otros creen que deberías hacer, sino actuar de modo que procure una inmensa felicidad. Poder contestar con un ‘no’ amable y educado a las cosas que no te gustan, alejarte de situaciones que no te ayudan a sentirte realizado, acercarte a aquello que te deleita”.

 

Con el paso del tiempo, entendí que esta forma también puede extrapolarse a otras áreas y por qué no a las comunicaciones. Lean nuevamente esa cita. ¿Lo hicieron? Bueno, ahora cambien cada vez que dice felicidad por esta frase “tu marca”. ¿Lo lograron? Pues bien, esa es la respuesta: ser fieles. Fidelidad al origen, a la búsqueda, a la forma, a nuestros públicos, a nuestros opiniones, objetivos y anhelos. Eso es todo. Parece sencillo, pero no lo es. Esa es tú búsqueda y nosotros, en Grieta, podemos ayudarte.