Javier Calvert: Las partes de un todo

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Javier Calvert vive hace algunos meses en Berlín, ciudad en la que se radicó, junto a su pareja, para ampliar sus horizontes y seguir saciando su búsqueda como artista gráfico. Desde hace un año, ambos como Estudio Morgan, han sido parte fundamental de la articulación y desarrollo de Grieta. Sin embargo, hoy no hablaremos de eso, sino de lo que mueve a Javier, de la forma particular en la que entiende su entorno, lejos de pies forzados, correcciones y el diálogo habitual con los clientes.

 

 

Javier creció bajo el amparo de imágenes de santos y patronos. La Biblia, a los 9 años, se convirtió en su libro predilecto: hombres que sobrevivían a las llamas, fosos de leones, carros de fuego, ríos que se convertían en sangre o un ejército levantado por un dios hecho solo de huesos, fueron las escenas que alimentaron la imaginación de un niño que no dudó que tales cosas eran reales. Sin embargo, a los 22 años, buscó una nueva identidad, una que le permitiera mantener viva esa fe en el realismo mágico que, durante años, había habitado.

 

 

Así es como en 2010 dio con una conferencia del ilustrador Oliver Jeffers en Santiago: “Lo que más llamó mi atención fue la libertad con la que él trabajaba. Sus imágenes eran sencillas, predominaban los detalles certeros que te daban rápidamente contexto sobre lo que ocurría a nivel de historia y sobre lo que, emocionalmente, pasaba con los personajes. Entonces entendí que la ilustración, no era precisamente dibujar bien. Dibujar bien es una cualidad técnica, lo que debe primar, y esto lo aprendí, posteriormente, en los talleres particulares de Alberto Montt y Francisco Javier Olea, es saber comunicar, saber dar el mensaje, lo que obviamente debe ir acompañado de una estética y composición interesante, pero finalmente cualquiera puede ilustrar si se lo propone, los medios y los materiales son infinitos, solo que uno debe encontrar una forma de presentar formalmente su trabajo, el resto es articular el concepto, la voz que uno quiere entregar.”

 

 

Desde entonces, comenzó a explorar en el mundo de la ilustración con diversas técnicas, tanto análogas, digitales o mixtas, para descubrir cuál era la más idónea para desarrollar sus ideas. Su biografía también fue parte de ese entramado que daría voz a su trabajo. Sin ir más lejos, su relación con la depresión y las pastillas fueron parte de este proceso: “Esculpir una voz toma tiempo, pero una vez que la rueda gira, sólo puede tomar más velocidad”, explica.

 

 

Sus referencias son múltiples, van desde lo religioso, a lo pop, con la televisión y la influencia de la animación japonesa o, incluso, el expresionismo alemán incluidos. Pero hay también detalles, que parecieran dar luces más precisas de sus búsquedas: “me gustan todos aquellos artistas que trabajan con un trazo suelto, que construyen en base del azar o de temáticas naíf, y de imágenes desperdigadas que existen en internet. A veces me gustan un par de dibujos de un autor, pero me llaman más la atención esos detalles que son exquisitos para mí, fijarme por ejemplo en cómo un autor resuelve la gesticulación de las manos, los silencios o su trazo, aunque del resto del dibujo no me llame nada más la atención, porque son solo esas cosas las que me gustan y las que me ayudan a hacer un collage mental de lo que deseo lograr en mi obra, por eso intento no enamorarme completamente de un autor, porque si no corro el riesgo de parecerme a él. Prefiero diversificar mis amores pictóricos”.

 

 

El trabajo de Javier responde a sus inquietudes sobre la vida y sus contrastes, donde habitan aquellas cosas que no podemos ver. Ese es su imaginario y el lenguaje de un artista que, afortunadamente, tengo el honor de decir que es parte también de Grieta.

 

¿Quieres conocer más de Javier? Entonces chequea su Instagram: @_jcalvert.