Kill Your Paco Mental #2: Especial 8M

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Este 8M lanzamos un nuevo Fanzine: Kill Your Paco Mental #2. Esta vez, dedicado a la conmemoración del Día de la Mujer. Por esto reunimos a 12 de ellas, que por sus discursos y formas de ver el mundo, nos llamaron profundamente la atención y le hicimos la siguiente pregunta: ¿Qué mandatos persisten sobre el ser mujer?

 

Además de las interesantes respuestas, esta edición tuvo a Paz Gazale (Artichokat), como artista a cargo del número. La decisión se basó, no solo por su cercanía con nosotros, sino porque su trabajo está dotado de particularidad; logrando crear personajes que reflejan un imaginario singular, fuertemente teñido por una politicidad que circunda y ahonda en los temas de género; y dotándolos de un discurso, que nos permite entender las preocupaciones que importan a esta increíble ilustradora.

 

Sin más, les dejamos a continuación las preguntas completas de cada una de las participantes:

 

 

 

Pola Mora – Arquitecta y Gestora Cultural

 

Recuerdo que hace sólo un par de años se entendía el Día de la Mujer como una instancia propiciada para que los hombres regalaran flores a sus compañeras de trabajo en señal de gratitud. Si bien, el origen de la conmemoración de esta fecha se encuentra efectivamente en el ámbito laboral, no nace de una postura condescendiente del hombre hacia la mujer, sino de un ímpetu femenino contestatario movido por la ira que provocan la injusticia y la desigualdad. Hoy las mujeres levantamos la voz no sólo para denunciar brechas salariales o condiciones precarias de trabajo, sino que apuntamos también al derecho a sentirnos libres de la violencia machista, agresiones sexuales y tratos discriminatorios. El derecho a ser libres, a elegir lo que queremos hacer con nuestros cuerpos, a que la maternidad sea una decisión y no una imposición moralista promulgada por hombres. Porque hace tiempo que el rol de la mujer en la sociedad dejó de ser simplemente el de procrear. El rol de la mujer en la sociedad hoy, no es más que ese mismo: Ser mujer, resistir y seguir avanzando.

 

 

Julieta Marchant – Poeta

 

Nos criaron con miedo, porque afuera había un otro potencialmente peligroso y más fuerte –el hombre–. No salgas tan tarde, no camines sola de noche, avísame cuando llegues, cuídate. Desconozco cómo ese temblor, ese temor intrínseco, en el origen de nuestra educación de género –y que nuestras madres nos han heredado y a ellas sus madres, a la vez– podría modificarse. Quizá nunca pueda modificarse. Quizá el temblor sea conducente a una sospecha ante el mundo que podamos transformar en inteligencia, sensibilidad, lucidez. Quizá no, quizá sí. Estoy dudando.

 

 

Su Opazo – Socióloga y Comediante

 

A las mujeres en el día de hoy se nos exige y se nos mandata que no bebamos whisky, que no usemos muchos tatuajes, que amemos mucho a los niños y a la gente y que nos quedemos siempre bien calladas y seamos sonrientes, les carga que odiemos a los niños y odiemos a la gente, les da mucha rabia que usemos pelo corto, que seamos morenas, que seamos gordas, les da rabia que seamos lesbianas.

 

 

Camila Moreno – Músico y compositora

 

Persiste el mandato de ser señorita, de no escupir, de no pelarse, de cerrar las piernas, de ser la buena madre, abnegada, que se posterga por los hijos, porque trabajas o, simplemente, vas a pasarlo bien con alguien eres muy, muy mala. También persiste, lo he visto en muchos hombres, que parecieran ser progresistas o con cabezas más grandes o aparentemente inteligentes, el mandato de ser dueña de casa, que se queda en ella, que la pone linda, que cuida los niños. Persiste el mandado de ser una mujer deseada, en función a los parámetros que exigen y dictan lo que una debe ser, pero la mujer que trabaja, que hace una carrera, que anda en su propia onda, o genera su propio mundo, es una mujer que le falta algo, es una mujer incompleta. La mujer completa es una exigencia del patriarcado, la buena madre, la buena hija, la buena esposa dueña de casa, también trabaja y tiene su independencia.

 

 

Amalia Kassai – Actriz:

 

Cuando me pidieron contestar la pregunta, primero tuve que analizar algunas palabras de ésta, ya que me parecían confusas. Sobre todo, dos:

¿Qué es mandato? “Es un contrato consensual bilateral, imperfecto, de buena fe y gratuito.”

¿Qué es ser? “El ser desborda y supera dialécticamente el mundo de las formas. (…)”

La disección me permitió entender que tengo muchas dudas sobre cómo contestar la pregunta y mi primer impulso es atreverme a contestar un tímido, pero firme: “todos”. Porque los mandatos que rigen nuestras normas, nuestra vida y nuestra libertad siguen siendo firmados (en su gran mayoría) en un contrato que no es bilateral, que no es consensuado y que no viene de buena fe y que es muy imperfecto. ¿Cómo un hombre blanco, millonario, político o que tiene poder de decisión sobre otras y otros, podría decidir, de buena fe, no aprobar el aborto, sabiendo que hay mujeres que están muriendo o que serán obligadas a criar a un hijo/a que no desean?, ¿cómo podría ese hombre no querer la equidad salarial, si esa mujer sobre la cual está ejerciendo su mandato trabaja lo mismo que él?, etc., etc., etc. Por lo mismo pienso que el único mandato del que a mí me gustaría hablar para este 8 de marzo es el que reina, cada vez, con más fuerza entre nosotras: la sororidad.

Los años y años de abuso y desigualdad nos han hecho más fuertes y lo primero a lo que se enfrenta una mujer desde que nace, independiente de su origen social, político o cultural, es a transformarse en una mujer luchadora. Así es, nacer luchadora es nacer para vencer obstáculos jamás imaginados, es encontrar en luchas diarias y, también de largo aliento, fuerza para anteponerse a un mundo que sigue reinado por hombres blancos y millonarios, que están lejos de querer firmar un mandato de común acuerdo, lejos de la empatía, o lejos de entender cómo es ser mujer en este mundo.

Por eso, el mandato diario al que quiero darle atención es a cuidarnos, querernos y seguir luchando por un mundo más justo y equitativo, independiente del origen sociocultural e independiente de formas. Volvamos a conectar corazones: ¡Un, dos, tres, por mí y por todas mis compañeras!

 

 

Valentina Millán – DJ y fundadora Colectivo Sensorama:

 

En este momento de mi vida me afecta mucho la idea de que las mujeres tenemos que “andar tapando bocas” para ser respetadas en nuestros oficios. El mandato de que tenemos que ser indiscutiblemente increíbles para tener un mínimo de respeto o reconocimiento, mientras que los hombres se levantan mutuamente solo por el hecho de compartir los mismos genitales.

Es frustrante ver cómo a muchos hombres, que no tienen nada de especial, se les trata como si fueran estrellas, solo porque tienen la seguridad de una. Como son justamente hombres los que manejan y controlan gran parte de los espacios, otros hombres –y solo por el hecho de ser hombres- no tienen que demostrar mucho, solo basta con un par de amigos que les den una oportunidad tras otra y mucho “apañe”, aun cuando su desempeño deje mucho que desear. En cambio, he visto mujeres increíbles y talentosísimas dudar de sus capacidades, llegando “auto invisibilizarse” por el miedo a no estar a la altura (una altura dictada por hombres). He visto como a muchas mujeres solo se les da una oportunidad y, si no son increíbles, si no lo hacen perfecto, entonces tienen que esperar mucho tiempo para que vuelvan a tener la atención que se merecen. Como me dijo una amiga, qué ganas de que las mujeres talentosas tuvieran la suerte de un hombre mediocre.

 

 

Jani Dueñas – actriz y comediante:

 

Son infinitos y, la verdad, ninguno ha cambiado mucho en todos estos años de revoluciones, feminismo y cambios sociales. Los mandatos siguen estando el mismo lugar de siempre, con la diferencia que hoy somos más las mujeres que nos revelamos ante ellos. Si bien son muchos, hay dos que me llaman mucho la atención y tienen que ver con lo mismo: uno es el de ser madre y el otro es el de ser bonita, flaca y hegemónicamente bella, el de las dietas, el del ejercicio, el de las operaciones para modificar nuestro cuerpo. Ambos casos tienen que ver con lo mismo, porque tienen que ver con mantener a las mujeres ocupadas en eso. Por un lado, en el tema del cuerpo y la belleza, odiándonos, odiando nuestro cuerpo, tratando de cambiarnos, porque es mucho más conveniente que estemos súper ocupadas, intentando ser eso, comprándonos cremas y tratando de cambiar quiénes somos, en vez de estar haciendo otras cosas, como luchando por nuestros sueños o apoderándonos de espacios, teniendo más poder y más toma de decisión en la sociedad. Lo mismo ocurre con ser mamá, creo que es un mandato súper relevante aún, todavía hablar de que una no quiere tener hijos o de que hay una especie de dictadura de los niños en este país y en las sociedades latinoamericanas, sobre todo, es ofensivo para mucha gente y no porque uno quiera matar a todos los niños, sino porque, nuevamente, es mucho más conveniente y mucho más útil tener a las mujeres adormecidas pensando que su única forma de realizarse es siendo mamá, porque una mujer que no es madre y una mujer que no está preocupada de estar flaca o de odiarse así misma es peligrosa, porque tiene tiempo, tiene tiempo para pensar, tiene tiempo para tener ideas y tiene tiempo para hacer cosas y eso es peligroso para el establishment y para el patriarcado, por su puesto. Hay miles de mandatos aún más grandes, a mí me tocó de cerca vivir el mandato de ser frágil, vulnerable, pedir perdón por existir, asumir errores y llorar en público; parece que una mujer fuerte ofende mucho a las personas.

 

 

Constanza Michelson -Psicoanalista, columnista y escritora:

 

Hay un momento en que las mujeres nos desdoblamos, es casi al final de la niñez, y empezamos a mirarnos a nosotros mismas con el ojo masculino. Internalizamos ese ojo, ojo de mirada rapiña, de erotismo fetichista, que mira por presa y haciendo primeros planos. Incluso, aún emancipadas de discurso, el ojo masculino persiste bajo la forma de la auto explotación del cuerpo, la narrativa de la obsesión por el “wellness”, del endeudamiento en productos de belleza. Ser objetos de deseo es deseable, pero no sólo estamos para seducir al poder, sino que también hay que tenerlo. Hay que apropiarse del ojo.

 

 

Marialy Rivas – Directora de Cine:

 

Los mandatos que persisten sobre ser mujer son exactamente los mismos mandatos que persisten desde 2.000 años, desde la sociedad judeocristiana que habitamos, algunos ejemplos que persisten son ser buena, femenina, buena madre o tener que querer ser madre, así como achicarse es algo que se nos pide a las mujeres en todos los ámbitos, tanto emocionales como físicos. Si te fijas, las mujeres se sientan con las piernas cruzadas, los hombres, con ellas abiertas, ocupan más espacio, incluso físico, caminan por la calle abriendo el pecho, a las mujeres, en cambio, se nos enseña a achicarnos. En conversaciones que tengo con amigas heterosexuales y que todavía no comprendo del todo, me explican que fingen el orgasmo para que él no se sienta mal. Que algo tan personal, como el placer, tenga que supeditarse a que el hombre no se sienta mal, para mí habla de todo, porque quiere decir que, si en la esfera más íntima, la mujer tiene que dejarse de lado y achicarse ante lo masculino, imagínate en todas las otras esferas. Entonces, para mí hoy existen los mismos mandatos de siempre. Vi un reportaje sobre las heroínas del cine, donde analizaban lo difícil que es encontrar mujeres complejas, porque los héroes pueden ser envidiosos, pueden ser un poco malos, pueden ser celosos, ser mezquinos y todas esas características los hacen ser empáticos, en cambio a las heroínas mujeres eso no se les permite, porque se sigue castigando a la mujer en todo ámbito. Y es un clásico, si el hombre te explica algo es un maestro, en cambio, si una mujer lo hace la respuesta habitual es “ah, se cree mi profesora”. Todo lo que en lo masculino es algo positivo, en lo femenino es malo, que somos histéricas o que cualquier emoción que mostramos es mala.

 

 

Laura Estévez – Artistas y co-fundadora de Diógenes:

 

La mujer bruja entendida como toda aquella consciente del poder alquimista que tiene. Nuestro cuerpo es capaz de crear otro cuerpo y ese poder, esa magia, asusta al patriarcado.

Si eres bruja eres loca, histérica, frígida, fea, indeseable y estás fuera de la norma.

Nos siguen quemando en lo más profundo.

No nos quieren conscientes de nuestro poder, no nos quieren amigas. Y todos los mandatos se traducen en eso: enemistarnos porque saben que nuestra unión es el arma más poderosa.

 

 

Catalina Infante – Escritora:

 

No me ofrezcas tu ayuda para estacionar, amigo. No la necesito,

manejo mejor que tú.

Tampoco me agregues a Facebook,

no te he visto en mi puta vida y no me interesa conocerte.

No me hables borracho en fiestas de esos logros que a nadie importan.

No me cuentes esa noticia que también leí.

Ni me expliques esas teorías que ya me sé.

Como si fuera tu ayudante en una cátedra que nadie te dio.

La sala está vacía, amigo, y nadie fue a tu clase.

No me quites la botella de vino para abrirla.

Las mujeres sabemos hacerlo desde tiempos inmemoriales.

Te sorprenderías las cosas que hacemos, amigo

Además de sacar un corcho sin tu ayuda;

Parimos humanos

los alimentamos con nuestro cuerpo

Olemos la mentira a kilómetros de distancia

Y sabemos ver en la oscuridad.

Sí,

también somos diestras en esas cosas que tanto te importan.

Como ganar premios nobeles

Conquistar el Everest

Descubrir planetas

Y juntar medallas.

Pero no lo andamos gritando, amigo.

Qué poca elegancia.

Las mujeres somos por sobre todo elegantes.

No de ropas ni de riquezas sino de alma.

En silencio vamos tejiendo nuestras conquistas

Una manta gigante que se esparce por todo el territorio.

Si quieres venir a hablarme de estrategias, amigo

Nosotras tenemos tomado el mundo y tú no te has dado cuenta.

Sigues ahí, desde tu computador,

escondido

Tratando a la gorda de gorda

A la fea de fea

sin saber que ya no nos importa.

Mandando culos y tetas por WhatsApp

mientras nosotras llenamos la calle de marchas y lemas.

Nadie tomó de la botella que abriste en la fiesta, amigo

Nosotras fuimos a otra

y nadie te invitó.

 

 

 

Lorena Penjean – Directora The Clinic:

 

Sobre nosotras persisten toneladas de imposiciones. Yo, que soy más vieja, recuerdo las de mi generación: que no seas ahombrada, juana tres cocos, que sé femenina, quédate quieta, sé amorosa, no te maquilles así, ningún hombre se va a fijar en ti si hablas tanto. No fumes en la calle, cámbiate esa ropa, no seas fácil, nadie te va a tomar en serio…

 

Ya de grande, encontré otras formas, tal vez igual o más crueles: sé flaca, joven, mina. Sé exitosa, pero nunca tanto. Cuida a ese hombre… Nadie te va a querer como él. No lo dejes. Aguántalo. No importa lo que pase, no te quedes sola. Es terrible ser vieja y sola.

 

De adulta me han preguntado por mis hijos, quién los cuida cuando trabajo. He visto cómo nos pagan menos por el mismo trabajo o bien, se nos asignan tareas que tengan que ver con “otro tipo de inteligencia”, como si ejecutar sin reflexionar fuera lo nuestro. Pesa sobre nosotros eso del sexo débil, frágil, bello que merece un dueño. Pesa cierta concepción que cuestiona nuestra inteligencia y liderazgo. Pesa el odioso prejuicio de las hormonas, de un temperamento loco que no podemos controlar. Pesa esa idea de que ante todo somos madres, parejas y profesionales, en circunstancias de que antes que todo somos mujeres. Mujeres que ya estamos completas… O bueno, que queremos estarlo y por eso marchamos, porque queremos decir un dos tres por mí y por todas nuestras compañeras, sobre todo por las niñas y las más desprotegidas. Por las que necesitan despertar y un mundo que las merezca.