Spotify Grieta #3: Nick Cave por Felipe Ramos

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¿Qué es lo último que podemos pedir antes de despedirnos? Quizás, esta pregunta sea algo que ronda siempre en la cabeza de Nick Cave. Tal vez, solo tal vez -o me gustaría imaginar que así es-, cada pieza no es más que el esfuerzo por retener una mirada que no queremos despedir, pero que en ese esfuerzo inevitable aparecen las formar para comenzar a hacerlo y, de ese modo, en ese ejercicio irrenunciable, nos acompaña quien ha hecho de la despedida su lugar creativo. En ese espacio que nadie quiere habitar nos acompaña siempre la voz de Cave y los acordes, ritmos y sonidos de los Bad Seeds.

 

Aquí, ahora, en este nuevo playlist, dejaremos la reconstitución de esa escena del adiós, una especie de réquiem que anuncia la voz que ya no, el movimiento que ya no, la sombra que no, que nunca más, la despedida de ese nombre que no teñirá más los muros, ni el cuerpo que mancha las formas en él. Aquí, ahora, solo la música, la presencia ausente de quien se va.

 

Entonces, en este lugar -en estas canciones y en estas palabras- comencemos a olvidar.

 

“Creo que es importante cambiar. Sobre todo, cuando sabes que tienes algo valioso entre las manos”, dijo Cave, en alguna entrevista en la que hablaba sobre ese peso y condena que es la sentencia de la pérdida; haciendo de cada una de estas canciones, una forma de hacer más llevadera la marcha.

 

Algo se va, cuando no queríamos que se fuera y, por eso, en este puñado de canciones, en este montón de letras, aprendemos a decir “Es suficiente”. Lo valioso que se carga entre las manos son cada uno de estos temas, es Cave, su biografía y cada uno de nosotros que nos ovillamos para prepararnos para despedir.

 

Solo quedan las canciones y montón de palabras que no alcanzamos a decir. Pero eso es suficiente y eso también es todo.

 

Hoy invitamos a Felipe Ramos, periodista y editor de varios medios de alcance a nivel nacional y, sobre todo y los más importante, un amante del trabajo de quien hoy nos convoca: Nick Cave.

 

Para presentar a Felipe, solo usaremos la elocuencia de sus propias palabras: “Un amante de la música desde que conocía Guns N’ Roses y Mötley Crüe a los 8 años, mi gusto por las guitarras me ha llevado a entrevistar a Slash, que dijo que soy un tipo cool; Tim Booth de James, la banda más bella del mundo; conocer a Bruce Springsteen y compartir un cigarro con Skrillex; además de estar sobre un escenario con Nick Cave, cuyas canciones y prosa me ha salvado no en pocos momentos. Aquí comparto mis canciones favoritas de él y sus Bad Seeds, y mis impresiones como fan y periodista”.

 

Este set está acompañado, como siempre, por la ilustración de la artista Naijem, quien con su trabajo nos permite concretizar lo que solo imaginamos.

 

Sin más, dejamos que disfruten esta bella forma de despedirse y también, por qué no, de dar la bienvenida a una nueva etapa

 

City of Refuge: “You better run”, cantan los Bad Seeds al son del golpeteo de la guitarra acústica de Mick Harvey y los sonidos Inclasificables de Blixa Bageld. El caos apocalíptico llega a dar miedo, en este son en clave western post punk. Del disco The Tender Prey, fue una de las joyas que sonó en el concierto del año pasado. Si Nick, mejor que corras a la ciudad del refugio.

 

Red Right Hand: La canción de Peaky Blinders que de pronto se volvió mega famosa, casi 15 años después de haber sido editada. Una suerte de canción de vodevil, que habla de una de las temáticas de Cave, los asesinatos y la muerte. El quiebre del teclado y las guitarras eléctricas son un monumento por sí solas.

 

Straight to You: Aunque Cave venía del caos de The Birthday Party, desde temprano mostró su maestría para hacer baladas épicas, que podrían perfectamente haber encajado en el coro de la iglesia en que estuvo cuando niño. Este es uno de sus mejores ejemplos, una canción hermosa hacia ese amor que por entonces podría haber sido su ex mujer brasileña o PJ Harvey. Uno de sus puntos más altos que lamentablemente ya no toca en vivo.

 

Tupelo: “El Rey nació en Tupelo, el Rey nació en Tupelo”, y aunque la canción se inspira en el hijo ilustre de la ciudad, un tal Elvis Aaron Presley, más parece la aclamación hacia el diluvio universal gracias a los sonidos de una tormenta con que parte. “Tupelo” es una de las canciones más actuadas de Cave, en la que se convierte en una suerte de predicador que nos advierte de que tenemos que redimir nuestro camino pecaminoso. Un gran ejemplo de lo que eran capaz los Bad Seeds con sólo dos discos en el cuerpo.

 

Nobody’s Baby Now: Otra de sus grandes baladas. “He buscado por los libros sagrados, para descifrar el misterio de Jesús, el salvador”. En los 90 aparece en su lírica la salvación por sobre la condena, en este caso representada en la mujer imposible que no pertenece a nadie. “Ella vive en mi sangre y piel”. Él la trató mal y ya no está. ¿Acaso ella murió? ¿Él la mató? Algo dice que sí.

 

The Ship Song: Y como dijo Charly García en su Unplugged, “Y ahora lloren”. ¿Puedo decir que es la canción más hermosa que jamás se ha escrito? Al menos mientras escucho sus cinco minutos y 14 segundos de duración, me hace sentir que no hay nada que se le acerque. “Navega tus barcos alrededor mío y quema tus puentes. Crearemos una pequeña historia, cada vez que vengas”, dice Cave y dan ganas de no solo quemar los puentes, sino sacarse todo tipo de armadura y abrir el corazón. Eso es, puro corazón.

 

The Weeping Song: Un dueto con Blixa, que en su inglés con acento alemán se transforma en la contraparte perfecta para el australiano más inglés que exista. Una conversación entre un padre (¿o sacerdote?) sobre las penurias de los hombres. ¿Por qué lloramos? Por los que ya no están. Si algo hace escuchar estas canciones es que te conectan con la muerte de una forma íntima, más que mal, para allá vamos todos.

 

Pappa won’t you leave, Henry: De la intimidad y belleza saltamos a una de las piezas más potentes y agresivas de su discografía. Wow, wow, corea la banda, mientras la guitarra imparable de Harvey se vuelve un galope a toda carga. Tu padre no te dejará, Henry, así que no llores. Pero quien dice que en verdad regresará. Wow wow!!!!!!!!!!

 

Into My Arms: Hay una escena en la película “About Time” donde asistimos al funeral del personaje interpretado por el gran Bill Nighy, que es el padre del protagonista, con quien tiene una relación entrañable. Es ahí donde suena “Into My Arms” y hasta el fan más recio de Nick Cave se debe quebrar. La belleza que tiene esta canción, que abre “The Boatman’s Call” no sólo la ha transformado en la más escuchada de Cave en Spotify, sino que fue usada por él mismo para despedir a su amigo Michael Hutchence de INXS. Un tema que nos hace creer en ángeles y el renacer del amor.

 

Distant Sky: La vida le quitó un hijo a Cave y todos pensamos que sería el final. Sin embargo, como él mismo me dijo en la conferencia de prensa en Santiago, el rock and roll le salvó la vida, porque a todos nos ha salvado la vida más de una vez. Acompañado de la soprano danesa Else Torp, esta es una de las piezas claves de su último disco, “Skeleton Tree” y sirve como casi una canción de cuna que abraza y conforta. El cielo puede estar lejos, pero gracias a temas como estos se siente un poco más cerca.

 

Jubilee Street: Una canción que va in crescendo hasta volverse una furiosa diatriba rockera de la mano de la genialidad de Warren Ellis, quien se tomó el control de los Bad Seeds luego de la salida de Blixa y Mick Harvey. Íntima y rabiosa a la vez, con menciones a Hannah Montana, demuestra la vigencia de un artista y una banda que ha sorteado todo tipo de infierno, sin sumar una sola arruga a sus esplendorosos trajes.

 

Breathless: “Me quedo sin aire por ti”, canta un Cave enamorado de su esposa e hijos en una canción que pareciera ser de otro artista, pero bueno, hasta Cave puede mostrarse feliz. Acompañado de un coro y ¡flautas! Esta canción también apareció en uno de los momentos más cálidos de Peaky Blinders, porque la familia quita el aliento cuando hay amor. Si un día me caso quiero que “Breathless” sea mi vals.

 

Ring of Saturn: Una base electrónica creada por Warren Ellis, un Cave recitando casi en clave hip hop, “Y este es el momento, esto es para lo que ella nació”, en lo que suena como una oda a la fuerza de su mujer, luego de la trágica muerte del hijo de ambos que cayó por un acantilado a los 15 años. Una canción que sirvió para cerrar la parte central del show en Santiago con decenas de fans sentados arriba del escenario entregando sus manos a Cave, en lo que fue un baño de sanación. Nuevamente, Cave como sacerdote, Cave como sanador a partir de la muerte, en parte su propia muerte.

 

Where the Wild Roses Grow: Parte de “The Murder Ballads”, su disco más popular, este dueto validó a Kylie Minogue dentro del público alternativo mucho antes que adquiera credenciales propias con “Can’t Get You Out of My Head”. Quizás una de las canciones más conocidas de los Bad Seeds, trata de la historia de una bella muchacha y un hombre que se obsesiona con ella hasta el punto de matarla. Una balada mortal sobre una rosa salvaje.

 

I Let Love In: “Dejo el amor entrar” decía Cave en 1994 tras escapar de la heroína y el alcohol. Parte de uno de sus mejores discos, uno que combina mejor que ninguno el punk y la furia de los Bad Seeds con las baladas íntimas de Cave. Esta canción va más por el disco completo que por sí sola.

 

The Mercy Seat (Bonus Track): ¿Una canción sobre la silla eléctrica? No hay problema, porque aquí es diente por diente, ojo por ojo, aunque mi cabeza arda y no tenga miedo de morir. Temazo, con Cave, Blixa, Casey, Wilder, Savage y Harvey. Luego llegaría Ellis y el poker estaría listo, la orquesta de la oscuridad, las semillas del mal, sus majestades Nick Cave and the Bad Seeds.